En el pueblo están todos preocupados.  Algo muy grave sucedió durante la noche pasada. Una madre llora entre lamentos y el padre grita a los cuatro vientos. Su niño no está, alguien se lo llevó.

-¿Pero cómo ha podido pasar? –Se preguntan los vecinos.

-Nadie lo sabe, nada se oyó – Comentan las mujeres en la plaza.

Conforme pasan las horas, el desasosiego va en aumento. Los padres andan desesperados, llamando en todas las puertas, preguntando a todos en la calle. Un pescador que se había levantado temprano,  les ha dicho que le pareció ver una enorme sombra escapar rápidamente tras los establos. Han preguntado a los soldados de la guardia, pero dicen que no vieron ni oyeron nada. Todo resulta tan extraño. ¿Quién podría apartar a una criatura de sus padres?

En la plaza la gente se arremolina.  Se han organizado grupos para buscar por los alrededores. Algunas personas cuentan que varios puestos del pequeño mercado,  han aparecido volcados al otro lado de la calle. El pueblo está revuelto y desordenado, como si hubiera pasado un ejército. 

¿Qué es ese ruido?  De pronto, un estruendoso cascabeleo que suena como diez campanas, hace que el suelo tiemble. De un salto, “Calcetines” ha subido sobre la alacena  tras las montañas.  ¡Qué desastre! Sus patas resbalaron sobre el pañito de ganchillo y un cenicero de  mármol ha chocado contra el puente romano. Todos miran aterrorizados y corren para ponerse a salvo. Mientras… unos enormes ojos bigotudos observan divertidos. 

Tras los zarzales del río, alguien sale apresurado. El pobre pantalones abajo, grita como un poseso:

-¡Socorro es “Calcetines” el gato,  y tiene algo en la bocaaa…!

– ¡Corred poneos a salvo, avisad a  la guardia!

En los ventanales de su casa grita la molinera:

-¡Al ladrón,  al ladrón!

 

De nuevo todo tiembla y se estremece. Se escucha una voz, como un viento huracanado, y todos se tapan los oídos con las manos:

-Eres un gato muy travieso “Calcetines”-dice la voz-. ¿Qué traes en la boca, diablillo?

-¡Cielo santo! ¡Trae acá! Vamos a poner a este niño, con su familia. Arreglemos un poco este desastre, y… ¡No vuelvas a acercarte por aquí! 

La voz cesó y se llevó a “Calcetines”. Las luces se apagan. El niño está con sus padres y duerme ahora en su cunita. La gente regresa a sus casas. Por fin, vuelve la calma.

¿Calma?… Allá a lo lejos, en el cojín  junto al sofá… Un brillo… una bigotuda mirada, observa curiosa el belén.

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