Siento que mis días se rompen
contra la piedra húmeda...
Salpican nuestros instantes la fría arena,
como un rocío de lágrimas,
como una joven lluvia...

Contemplo las olas que se retiran
arrepentidas, cabizbajas…
y escucho el rumor de la sal
que hierve en las heridas
de mi corazón amante.

Crepita la espuma
y se mezcla la arena...
se sumerge…
arrastrando jirones de tiempo,
De tiempo perdido…
Del tiempo en que no te amé.

Siento que se rompen los días,
y veo mis horas escurrirse
en el suelo fregado
de tu zaguán…
Y te veo a ti… altiva, garbosa.
¡Ilustre fregona! arrojando
el cubo por la cuesta junto a tu casa.

Siento el estruendo de su caída.
Débiles riachuelos de mi vida,
de mis días,  de tiempo anegado de lágrimas...
de pañuelos agitados y besos,
de risas,  de pechos golpeados,
de azoradas poesías...


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